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julio 20, 2008

En el Día del Amigo

Subo un cuento que pertenece a un verdadero amigo. Él, a diferencia del improvisado autor de esta página, es un verdadero escritor y pensador.

ESTÁS MUERTO

La tentación era muy grande y su capacidad de resistencia no debía ser probada. El calvario de Agustín comenzó mientras almorzaba junto a su madre y miraba la televisión. Como nota de color en un noticiero, el presentador invitó a la audiencia a descubrir la fecha exacta de su muerte a través de un flamante sitio de internet. La señora tomó esta noticia con algo de humor porque le recordaba a ciertas atracciones de feria como las adivinadoras gitanas que estudiaban las palmas de las manos. En cambio, Agustín sintió una incómoda puntada de curiosidad y anotó la dirección en su cuaderno.

Cuando terminó de comer miró el reloj de la cocina para darse cuenta de que llegaba tarde al colegio. Entonces colgó la mochila sobre sus hombros y salió a la calle. Mientras caminaba no podía dejar de pensar en la muerte. Observaba hacia su futuro y se imaginaba viejo, luego más viejo y, al final, muerto en un cajón de madera. Le parecía, sin embargo, una suerte convertirse en un venerable anciano en vez de fallecer joven. Presionó esa imagen tan fuerte en su cerebro hasta que percibió un vacío total, un gran salto hacia la nada. Así entendió por primera vez que algún día él también dejaría este mundo. Justo antes de que este pensamiento comenzara a asfixiarlo, se encontró sentado en su pupitre en la clase de geografía.

Así consiguió desviar sus locas ideas de la muerte y concentrarse en las hermosas piernas de su compañera Rosalía. La chica usaba la falda del uniforme lo más corta posible y ese parecía un buen motivo para quedarse relajado en su asiento. Imaginaba que semejante belleza no podía perecer jamás ni marchitarse con el paso del tiempo. Una vez más, la miopía intertemporal, esa que nos mantiene a salvo de la locura, llegó para calmar su absurda ansiedad. Sacudió la cabeza dos veces y arribó a la ligera conclusión de que la muerte era preocupación exclusiva de los ancianos y que él no debía temer pues era muy joven, un adolescente.

Durante la cena no lo pensó. Hablando con su padre ni siquiera tuvo oportunidad. Su mamá sólo exteriorizaba su fastidio por los piqueteros. Pero luego, encerrado en su habitación, sin nada que lo distrajera, el vértigo mortal regresó para torturarlo. Al principio se quedó tirado en la cama revoleando los ojos de aquí para allá. Se obligó a fijar la mente en otra cosa. Intentó imaginar a Rosalía desnuda para poder masturbarse pero fue en vano. La certeza de que alguna vez conocería la muerte sin importar lo que hiciera o dejara de hacer, lo mantenía en un desvelo constante. Era lo mismo si se convertía en ingeniero como deseaba toda su familia o si emprendía un largo viaje por los océanos. Era exactamente lo mismo si ocurría mañana o pasado mañana o dentro de sesenta años; iba a ocurrir con plena seguridad.

Como toda reacción física salió corriendo al baño y lavó su cara con agua fría. Su joven cuerpo temblaba. Sabía que cualquiera en el mundo pasaría por la misma situación pero por un momento alentó la posibilidad ingenua de que él sería la primera persona en no morir nunca. Claro que aquello se extinguió rápido. Regresó al dormitorio dispuesto a quedarse dormido. Entonces observó su computadora apagada y supo lo que debía hacer.

Encendió la máquina, conectó el cable y esperó a que la sangre del mundo virtual irrigara los vastos circuitos de su ordenador. Tratando de contener sus dedos impacientes tipeó la dirección de internet que reveló una pantalla oscura con música escalofriante. Había una advertencia que decía que aquel no era un sitio como los demás. Navegó hacia la sección “conoce tu hora” y siguió las indicaciones. Le fue requerido el nombre completo, su fecha de nacimiento y que respondiera preguntas acerca de su personalidad. Luego debía apretar el botón de “aceptar”. El resultado fue inapelable: Agustín moriría antes del amanecer.

Más tranquilo, se echó a dormir. Le esperaba una noche interesante.

Autor: Pablo.-
* * *

3 comentarios:

pablo dijo...

El cuento está buenísimo, la verdad que se disfruta mucho. Ese pibe es un capo, no hay dudas. Estamos frente al futuro de la literatura nacional.-

Pitulo dijo...

En el futuro la biografía de la enciclopedia Clarín 2050 dirá que, así como Borges comenzó su carrera publicando en la Revista Martín Fierro, este novel autor se inició publicando en Tinogasta Web. Sin dudas, un gran orgullo para su administrador.
Es un buen cuento, magistralmente narrado y con la dósis justa e innecesaria de erotismo que lo hace inconveniente para menores.
Sin dudas, la mejor pluma de San Espeña.

Esteban dijo...

muy bueno post!!!